Tu fobia o temor a hablar en público no se soluciona aprendiendo tus discursos de memoria

 

Sir Winston Churchill dejó de aprender sus discursos de memoria

Es muy probable que, en un esfuerzo por reducir tu fobia o temor a hablar en público y sentirte un poco más seguro y confiado, caigas en la tentación de aprender tu discurso de memoria. Esta acción podría parecer muy lógica y conveniente, sin embargo, es una técnica que muy probablemente podría traicionarte.

 

Memorizar tu discurso podría hacerte sentir seguro pues aparentemente te “garantizaría” que no podrías fallar pues tendrías el discurso grabado, palabra por palabra, en tu mente. Sin embargo, esta práctica no es recomendable para reducir tu fobia o temor a hablar en público pues su uso ha dado serios problemas a muchas personas a quienes, llegado el momento de hablar en público, con cierto temor, sus mentes se han quedado completamente en blanco y sin saber qué decir.

El Sr. Dale Carnegie, en su libro El camino fácil y rápido para hablar eficazmente, habla de este tema con la siguiente reflexión “El hombre que redacta y aprende de memoria sus discursos desperdicia su tiempo y energías y ronda en torno al desastre. Durante toda nuestra vida hemos hablado espontáneamente. No hemos estado pensando en las palabras. Hemos pensado en ideas. Si nuestras ideas son claras, las palabras surgen natural e inconscientemente, del mismo modo que respiramos”.

Es por ello que, para reducir tu fobia o temor a hablar en público, la mejor recomendación es que en vez de memorizar tu discurso, palabra por palabra, es mejor que tengas claras en tu mente las ideas sobre las que deseas hablar. En la medida que dichas ideas estén claras en tu mente, las palabras que debas decir brotarán de forma espontánea.

El Sr. Carnegie cita como ejemplo de esta lección lo ocurrido una vez al Sir Winston Churchill, Primer Ministro Británico en la época de la segunda guerra mundial. Según cuenta el Sr. Carnegie, el Sir Winston Churchill preparaba, redactaba y aprendía sus discursos de memoria. Sin embargo un día, frente al Parlamento británico olvidó por completo su discurso memorizado y su mente quedó en blanco. Hizo varios intentos por reiniciar su discurso repitiendo su última frase desde el principio pero fue en vano. Sonrojado y humillado optó por sentarse. Desde ese momento, Sir Winston Churchill nunca intentó nuevamente pronunciar un discurso de memoria.

Otro gran beneficio de no memorizar tus discursos es que los mismos se verán más naturales y espontáneos. Un discurso memorizado, si logras recordarlo, sonará muy mecanizado y hasta ensayado. Recuerda, si toda la vida has hablado espontáneamente, no hay razón para intentar cambiar esto cuando hables ante el público.

¿Haz intentado memorizar algún discurso anteriormente? Cuéntame qué experiencias haz tenido en la sección de comentarios.

Saludos,

Arturo Reyna.

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